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Agustí Fernández Quartet
Lonely Woman
Agustí Fernández, piano;
David Mengual, contrabajo; Liba Villavecchia, saxos;
Jo Krause, batería
| Lonely Woman |
13:12 |
| Mob Job |
6:15 |
| Kathelin Gray |
3:31 |
| Latin genetics |
7:01 |
| Virgin Beauty |
3:59 |
| Unknown artist |
3:23 |
| Happy House /The good life |
7:00 |
| What reason |
5:04 |
Grabado en el año 2004 en el Estudi 44.1 en Girona (España)
La colección del taller nº 38
Distribución: Discmedi
críticas
Juan María Rodríguez - El Mundo, 4 de febrero 2005
Ante un pianista tan descomunal como Agustí Fernández (sutilísimo, hercúleo, virtuoso, lírico, profundamente sinfónico y siempre un acróbata arriesgando en la cuerda floja), ante un músico total de la enorme honradez, la decencia moral y el compromiso estético de Agustí Fernández, uno, sea más oyente de jazz, de clásica o de cualquier género, pues en todos podría sobresalir como un maestro absoluto, sólo puede sentir admiración, fascinación y un inmenso agradecimiento.
Conciertazo de Agustí Fernández en cuarteto en el Teatro Central de Sevilla ante un público -¡qué lástima!- mínimo – unas 60 personas: la progresiva banalización y la infantilización del público hará que pronto, en Andalucía, sea imposible escuchar a los escasos agustí fernández de este mundo – con un monográfico programa de homenaje, yo diría que todo un profundo y delicado acto de amor, a la música iconoclasta, rompedora y libre del saxofonista Ornette Coleman, el padre del free-jazz y, más llanamente y fuera de estrictas y pasajeras etiquetas, del mejor jazz de llama viva y actual.
Coleman no usaba piano en su cuarteto, así es que la traslación, la entera recreación de su música por Fernández, tiene el mérito pleno de la reinvención. Sus remakes no son un copiado y honroso revival caligráfico, aunque el original suene siempre ahí: se trata de dar otro enfoque, posibilidad lírica y melódica en el piano, nueva sangre y savia a la ya veterana propuesta musical de Coleman que, como se pudo oír en esos dedos y palmas y puños prodigiosos de Fernández, sigue plenamente vívida y enteriza.
Música más allá de cualquier marco, música que escapa a catalogaciones- en el Central figuró incluida, no sé por qué extraña teorización, en un ciclo que relaciona al jazz con el flamenco: ¡pues vale, la cosa es poder oír a Fernández!- parece increíble que la resistencia del público a un sonido que ya es un clásico, condenara a uno de los mejores conciertos en cualquier género a una audiencia tan pobre.
Música de sutil delicadeza, de lirismo cantado sin retóricas ni énfasis –para mí, y teniendo tantas posibilidades virtuosísticas, situarse en la linde justa de ese límite es el gran mérito de Fernández, esa cualidad decente que convierte a lo que hace en Música Verdadera-, música de humor, divertimento y parodia y de trallazo y descarga eléctrica y atronadora, con himnos dichos como réquiems – ese Himalaya ascendido metro a metro, crescendo a crescendo, de Lonely woman, el histórico tema de Ornette Coleman con el que Fernández ha bautizado su disco- música que nos conmueve pues es extremada, Agustí Fernández la ha interiorizado tanto, que la dice como la sombra pianística de Coleman que, en realidad, no existió nunca. Es seguro que al Maestro le complace un discípulo tan creativo, musical honrado y amoroso.
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